Transacciones de criptomonedas en Bolivia crecen más del 530% en 2024

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En medio de una creciente escasez de dólares y una prolongada inestabilidad económica, Bolivia ha registrado un incremento vertiginoso en el uso de criptomonedas. Durante el último año, las transacciones en plataformas digitales que operan con criptoactivos se dispararon más de un 530%, reflejando un cambio significativo en los hábitos financieros de los ciudadanos y empresarios del país.

El fenómeno ocurre en un contexto de restricciones cambiarias, escasez de divisas en el sistema bancario y una creciente desconfianza hacia el boliviano, la moneda nacional. Estos factores han llevado a muchos bolivianos a buscar alternativas para preservar el valor de sus ingresos, sortear los controles del mercado cambiario y acceder a pagos internacionales con mayor agilidad.

A pesar de que Bolivia sostiene una de las normativas más estrictas en América Latina respecto a las criptomonedas, con una restricción oficial sobre el uso del bitcoin y otros criptoactivos como método de pago desde 2014, el aumento de estas transacciones se ha producido en plataformas internacionales o a través de aplicaciones de tecnología financiera que funcionan al margen del sistema bancario convencional.

Entre las herramientas más utilizadas por los usuarios bolivianos se encuentran billeteras digitales que permiten comprar, intercambiar y enviar criptomonedas como USDT (Tether), bitcoin y Ethereum. En particular, el uso de monedas estables, conocidas como “stablecoins”, ha ganado terreno como refugio de valor en un escenario donde el dólar oficial es escaso y el paralelo tiene una cotización muy por encima de la establecida por el Banco Central.

La falta de divisas, provocada en parte por una caída en las reservas internacionales, ha derivado en un mercado negro del dólar cada vez más activo. Las restricciones para la compra legal de moneda extranjera y las dificultades para acceder a transferencias al exterior han impulsado a empresas importadoras, profesionales independientes y ciudadanos comunes a adoptar métodos alternativos de intercambio financiero.

Especialistas en economía digital indican que el aumento de las operaciones con criptomonedas en Bolivia está en consonancia con una tendencia regional, aunque en este contexto se intensifica debido al entorno macroeconómico local. Dado que no hay un sistema bancario que permita la compra de dólares o transferencias internacionales sin limitaciones, muchas personas consideran las criptomonedas como una alternativa más eficiente, aunque conlleva riesgos regulatorios y de seguridad.

Aunque el empleo de criptoactivos ha crecido exponencialmente, las autoridades en Bolivia han adoptado una actitud cautelosa ante este fenómeno. Tanto el Banco Central como la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero han lanzado repetidas alertas sobre los riesgos asociados al manejo de monedas digitales no reguladas, entre ellos la posibilidad de estafas, la pérdida de capitales y la susceptibilidad al blanqueo de capitales. No obstante, estas alertas no han conseguido detener el incremento en el uso diario de estas herramientas en sectores cada vez más extensos de la población.

Algunos analistas sostienen que la falta de una normativa moderna y flexible ha dejado al país fuera de las oportunidades que ofrece el ecosistema cripto, como la atracción de inversiones tecnológicas, la inclusión financiera de sectores no bancarizados y el desarrollo de soluciones para pagos transfronterizos. Otros, en cambio, advierten que una adopción masiva sin supervisión adecuada podría generar distorsiones adicionales en un mercado ya tensionado por la informalidad.

Por ahora, la realidad muestra que las criptomonedas se han instalado como una herramienta económica de uso cotidiano en Bolivia, especialmente entre jóvenes, pequeños emprendedores y sectores urbanos con acceso a internet y dispositivos móviles. El aumento de más del 530% en las operaciones durante el último año pone de manifiesto que, ante la ausencia de soluciones tradicionales, los ciudadanos están migrando hacia nuevas formas de preservar y mover su dinero.

El desafío para el Estado radica en cómo responder a esta transformación sin perder el control sobre la estabilidad financiera, al mismo tiempo que se adaptan las reglas del juego a un ecosistema global que ya no puede ser ignorado.

Por: María José Londoño

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